Entre la verdad y la noticia: El buen periodismo

Por José Cabrera ForneiroPsiquiatra Forense

Hoy hace 25 años que empecé a tratar con periodistas, se dice pronto, y aun sobrevivo. En estos años he aprendido mucho de ellos y ellos de mi, tengo grandes amigos en la profesión, amigos para siempre, y también grandes enemigos, ¡qué le vamos a hacer ¡ Y en este tiempo siempre hubo un pacto de caballeros entre nosotros, una máxima: “El núcleo de la noticia debe buscar la verdad”, y con esa base, dar información al ciudadano, y disminuir su incertidumbre, así de simple, así de claro.

Pero ¿Qué es la verdad?. La palabra “verdad” significa literalmente: conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente, o lo que es lo mismo conformidad de lo que se dice con lo que se siente o piensa, y a su vez esta bonita palabra castellana, cómo no, procede del latín “veritas” que para su primer usuario Cicerón significaba ni más ni menos que justicia y rectitud.

¡Pues ahí es nada¡ decir la verdad es ni más ni menos que ser justos, honrados con uno mismo y hacer coincidir lo que nos dicta lo más profundo del corazón con lo que expresamos verbalmente, y a ser posible que ello coincida con la realidad.

¿Y qué es la noticia?, una palabra que también viene del latín “notitia” y que significó antaño “un conocimiento nuevo, un saber que nunca antes se había comunicado”. Inmersa en esta definición de 2000 años estaba lógicamente la verdad.

La noticia pues debe aportar veracidad, objetividad, claridad, si es posible brevedad, debe ser general y actual.

Y ahí es donde empiezan a torcerse las cosas, porque hoy la búsqueda muchas veces no es de la verdad, sino simplemente de la noticia, ¿qué es hoy la verdad?, pues se lo voy a decir a voz de pronto: “lo que sale en la tele”, es más sino sale en la tele como diría Don Julián Marías es simplemente que no existe. Y es en la tele, mágica, lejana y cercana al mismo tiempo, fugaz e inconstante, donde todos somos iguales ante un espectador pasivo por fuerza, donde se baten el cobre la verdad de hoy con la verdad de siempre, donde se crea opinión, de dónde salen los dirigentes plásticos de nuestras sociedades anónimas y frías, dónde se miden todas las opiniones por un mismo rasero y al donde al final siempre vence la imagen más impactante, que finalmente se transforma en la verdad de hoy, la “verdad cosmética”.

Recientemente tuve ocasión de probar en “mis carnes” la diferencia entre la verdad y la noticia al saltar a los medios nacionales unas conversaciones mías grabadas por “un valiente” y difundidas por otros, y amen de sacar a la luz pública que soy un ser humano y por ende con errores, desató una virulenta ola de animadversión que aun soporto. Pero “pelillos a la mar”, total ¿quién soy yo?.

Y a uno no deja de inquietarle profundamente esta situación que parece encronizarse en nuestra cultura, ¿A dónde miramos para saber que es lo cierto y que no lo es?.

Y aquí es donde quiero romper una lanza por el buen periodismo, el que busca la verdad, el que dando la cara pregunta, indaga, sopesa, reflexiona y escribe. El periodismo que ansía encontrar respuestas que nos den luz y paz que no es mucho pedir.

Ese periodismo de siempre, con el que llevo conviviendo 25 años y con el que seguiré trabajando codo con codo.

Pero me sigue preocupando que la verdad de hoy sea algo simplemente opinable, filmable y claro está proyectable en un millón de millones de pantallas, que vistas por millones de personas generará una sola voz uniforme, sorda, y carente de corazón, eso sí muy cómoda para los manipuladores, para los profesionales de lo estético, para aquellos a los que no interesa la verdad.

Estoy con la verdad en todas sus dimensiones, la verdad sinfónica y perdurable, y ella debe ser el faro que guie la noticia, y esta noticia es la que debe manifestarse a través del buen periodismo. ¡Un brindis por el buen periodismo!